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¿POR QUÉ LOS ATEOS NO CREEN EN DIOS? PARTE 1

Por Lee Strobel

 

 

Una vez yo estaba almorzando con un ateo famoso y decidí preguntarle sin rodeos:

 

-¿Por qué no crees en Dios?

-Porque no creo en la superstición -respondió.

-Oye, ¡qué bien! Yo tampoco. ¡Tenemos algo en común! -le dije yo.

 

Traté de explicarle que el diccionario define superstición como una creencia que se sostiene a pesar de la evidencia que existe en su contra. Pero el cristianismo no es así. Es una fe que concuerda con la evidencia histórica.

 

-¡Superstición! -exclamó él haciendo un gesto con la mano-. Insisto en que es una superstición tonta. 

 

Él estaba frente a un obstáculo espiritual. En el transcurso de los años, al conversar con la gente acerca de sus peregrinajes espirituales, a menudo descubro que han alcanzado un punto muerto que está bloqueando su camino. En el caso de este hombre era su terca negativa, por la razón que fuera, a siquiera considerar la evidencia del cristianismo. 

 

Para otros, la naturaleza de sus obstáculos varía, sin embargo, el resultado final es el mismo: Están atascados en su progreso hacia un avance espiritual. 

 

Vamos a tratar cinco categorías de obstáculos espirituales que encuentro comúnmente para ayudarte a detectarlos y tratarlos cuando hablas con personas irreligiosas. 

 

Obstáculo #1: «Yo no puedo creer».

Obstáculo #2: «Yo no quiero creer».

Obstáculo #3: «Yo no sé qué creer».

Obstáculo #4: «Yo sí creo, ¿eso no es suficiente?»

Obstáculo #5: «No quiero creer lo que ellos creen». 

 

Obstáculo #1: «Yo No Puedo Creer»

Esa es la opinión de las personas que tienen un asunto intelectual o emocional específico que ha paralizado su progreso hacia Dios. Lo expresa: 

 

•El médico que dice: «No puedo creer en la Biblia porque está reñida con

la ciencia moderna».

•La madre de un niño enfermo que dice: «No puedo creer en un Dios que

permita que mi hijo sufra cuando tanta gente mala parece tener éxito».

•El abogado que dice: «Estoy acostumbrado a tratar con hechos y

evidencias, no puedo creer en algo que se nos pida que aceptemos solo

por fe».

•El ejecutivo empresarial que dice: «Yo oré para que mi negocio superara

la crisis, pero va cuesta abajo. No puedo creer en un Dios que no presta

atención a mi llamado pidiéndole ayuda». 

 

Ya que yo soy más «pensador» que «sentidor», disfruto especialmente

ayudar a las personas a vencer las barricadas intelectuales. 

 

Al tratar los temas espirituales los Juan y María Sin-Iglesia, a menudo yo les pregunto: « ¿Hay alguna pregunta o preocupación específica que te está estorbando en tu peregrinaje espiritual?» Esa pregunta les ayuda a concentrarse con claridad en lo que realmente está obstruyendo su camino hacia Dios. 

 

Una vez que son capaces de expresar la pregunta, entonces podemos comenzar a encontrar respuestas para seguir adelante, hacia Cristo. Para ayudarles a imaginarse su situación, les describo los tres bandos específicos de personas en el mundo. Existe el: 

 

•Bando A, son las personas que han encontrado a Dios;

•Bando B, está formado por personas que están buscando a Dios y lo encontrarán;

•Bando C, las personas que no están buscando a Dios. 

 

Le digo a Juan y a María Sin-iglesia que estar en el bando C no tiene ninguna ventaja. A menos que Dios haga algo sensacional, como lo hizo cuando transformó a Saulo de Tarso en Pablo el Evangelista, el Bando C es un callejón sin salida. Es un lugar que está poblado de personas con mente cerrada que se niegan a buscar la verdad. Así que los animo a levantar el campamento y pasar al Bando B para que busquen sinceramente la verdad acerca de Dios. Y, por supuesto, sabemos por las Escrituras que cualquiera que esté sinceramente en el Bando B, con el tiempo terminará en el Bando A.[1]

 

Muchas veces los desafío a hacer el tipo de oración «del que busca», como la que yo hice cuando todavía era un escéptico. Yo sugiero algo así: «Dios, ni siquiera estoy seguro de que existes, pero si es así, realmente quiero conocerte. Por favor, revélate a mí. Honestamente quiero conocer la verdad sobre ti. Pon personas en mi vida, pon libros y videos en mi camino, utiliza cualquier medio que quieras para ayudarme a descubrir quién eres».

 

Entonces los animo a que investiguen. Por ejemplo, si creen que la Biblia está llena de errores, ¿cuáles son los errores específicamente? Enuméralos para que puedas revisarlos.

 

Dado el poder de las Escrituras, yo siempre animo a Juan y María Sin-iglesia a comenzar a leer la Biblia por sí mismos. Por lo general, es la primera vez que la examinan en serio. Si la persona es un individuo del tipo práctico, yo le sugiero el Evangelio de Lucas. Como es médico, Lucas escribe con una nitidez directa que atrae a abogados, médicos, científicos e ingenieros. Si la persona es más artística o filosófica, sugiero el Evangelio de Juan. Si la persona tiene un origen judío, le sugiero el Evangelio de Mateo ya que él hizo énfasis en el cumplimiento en Cristo de las profecías del Antiguo Testamento.

 

Además, trato de animarlos diciéndoles que Dios no está jugando con ellos a las escondidas. Les señalo que el hecho de que sean capaces de buscarlo es porque Dios los ha capacitado para hacerlo. Incluso mientras ellos buscan a Cristo, él se está extendiendo hacia ellos.

 

Jesús dijo que su misión es «buscar y a salvar a los que se habían perdido”. “Y nosotros sabemos que «no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepienta’’.[2] 

 

Así que algunas personas dicen: «No puedo creer», basadas en asuntos intelectuales y nosotros debemos animarlas para que busquen la verdad acerca de Dios con sinceridad y honestidad. 

 

Pero otros dicen «no puedo creer» porque hay una especie de barrera emocional entre ellos y Dios. A menudo, cuando hablo con alguien que parece tener problemas con respecto a Dios, le pregunto por su vida familiar y acerca de su relación con su padre ya que el concepto que una persona tiene de su papá puede influir grandemente en la idea que tiene de Dios. 

 

En su ensayo «La psicología del ateísmo» el Dr. Paul C. Vitz habla sobre cómo el abuso, el rechazo, la desilusión, el abandono de un padre o la ausencia de un padre, forman una barrera para creer en Dios. Él detalla los problemas que muchos ateos afamados tuvieron con sus padres. Por ejemplo, Sigmund Freud y Karl Marx dejaron claro que ellos no respetaban a sus respectivos padres. Baron d'Holbach, el racionalista francés, quedó huérfano a los trece años; tanto Bertrand Russell como Nietzsche perdieron a sus padres a los cuatro años; el padre de John Paul Sartre murió antes de que él naciera y Camus era un bebé cuando su papá murió."[3] 

 

La relación de una persona con su padre puede llegar a evitar su desarrollo espiritual. Por ejemplo: 

 

1) Ser criado en un hogar en el que el padre expelía ira puede inducir a algunas personas a pensar que su Padre Celestial es vengativo y por lo tanto tienen miedo de querer relacionarse con él.

 

2) Si el padre los abandonó cuando eran niños, ya sea emocional o físicamente, pueden resistirse a tener una relación con Dios por temor a que también él acabe hiriéndolos o abandonándolos. Puede que tengan una autoestima destrozada al pensar que su padre tiene buenos motivos para abandonarlos ya que ellos no tienen valor intrínseco. Por consiguiente, no pueden comprender a un Dios que les ofrece amarlos como son.

 

3) Algunas personas que crecieron en hogares donde solo recibían aceptación si lograban algo. Puede que crezcan sintiendo que deben ganarse el amor de todo el mundo, incluyendo el de Dios. Pueden quedar tan atrapados en una rutina de tratar de hacerse dignos de Dios que no progresan en entender que el amor de Dios es incondicional. 

 

Aunque ninguno de estos individuos sin-iglesia se clasificaría a sí mismo como ateo, en resumidas cuentas se detienen antes de entrar en una relación con Dios. 

 

Otra barricada emocional puede ser el miedo a la intimidad. Ser un seguidor auténtico de Jesucristo significa tener una relación cercana, honesta, vulnerable y transparente con él y cada vez más con sus seguidores, y eso espanta a algunas personas. De hecho, a menudo son personas que uno no esperaría que les intimidara la idea de relacionarse estrechamente con otros. 

 

Tal vez Juan y María Sin-iglesia no se den cuenta que un miedo a la intimidad es realmente lo que está ocasionando las objeciones poco entusiastas que le hacen al cristianismo. Pero he aquí un claro indicio: si notas que tienden a tener una actitud hacia los demás que guarda las distancias, si parecen tener un matrimonio superficial, si tienen una relación en el ámbito superficial con sus hijos y si tienen muchos conocidos pero ninguna amistad profunda, entonces son señales de que su verdadero obstáculo puede ser el temor a una intimidad con Dios. 

 

Otra señal que hay que vigilar es si a la persona le consume la búsqueda de algunos de los sustitutos que nuestra sociedad ofrece a la intimidad, como la pornografía o la promiscuidad. Incluso la bebida puede ser una señal ya que no son pocas las personas que dependen del alcohol para lubricar su interacción con los demás.

 

 

Notas

[1] Ver Deuteronomio 4:29; Proverbios 8:17; Jeremías 29:13; Mateo 7:7,8; Lucas 11:10; Hebreos 11:6. 

[2] 2 Pedro 3:9 

[3] Vitz, Paul C., «The Psychology of Atheism» (La sicología del ateísmo], Truth: Anlntertuüional, lrüer-disciplituiryJournal ofChristian Thought [La verdad: una revista internacional, interdisciplinaria del pensamiento cristiano], Vol. 1, 1958, p. 29.

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Extraído y adaptado por José Giménez Chilavert

Editado por Jairo Izquierdo

Fuente original: Strobel, Lee. (1993). Cómo piensan los incrédulos que tanto quiero. Editorial Vida

A veces las personas tienen razones emocionales que han paralizado su progreso hacia Dios.

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