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¿POR QUÉ LOS ATEOS NO CREEN EN DIOS? (PARTE 2)

Por Lee Strobel

 

 

En nuestra primera entrega, habíamos visto que “querer” no siempre es “poder”. Muchos amigos y conocidos nuestros probablemente reconozcan que sería bueno creer en Dios, pero no pueden. Tienen predispuesto el “corazón”, pero no la “mente”. A veces, incluso algunas personas tienen más bien barreras emocionales (un padre que los abandonó, un padre maltratador) que les impiden creer en Dios.

 

Ya vimos algunas formas de hablar a estas personas sobre Dios, pero ¿Cómo abordamos a las personas que directamente NO quieren creer? 

 

Obstáculo #2: «Yo No Quiero Creer»

Realmente son pocas las personas que dicen directamente que no quieren creer en el Dios de la Biblia, por lo general es más una actitud que tratan de oscurecer tras una cortina de humo. 

 

Hace unos años yo estaba en una fiesta de Navidad en casa de mi hermana cuando entablé una conversación sobre religión con un empresario que pensaba que la idea de un Dios era irracional. Así que le dije:

 

-Pues es interesante, porque así era como yo solía sentirme. ¿Quieres que te cuente acerca de la

evidencia que me convenció que es racional hacerse cristiano?

 

-De ninguna manera. Esa evidencia es para usted, no para mí -dijo él.

 

-Bueno, evidencia es evidencia -dije yo.

 

-Mire, no estoy interesado en escuchar nada de evidencias porque no creo que sea posible tener

una evidencia real de que Dios existe.

 

Con eso terminó el asunto firmemente.

 

Ahora, mi primer pensamiento fue que él tenía un obstáculo intelectual, que estaba bloqueado porque no entendía la naturaleza de la evidencia. Pero mientras hablábamos sobre varios temas, la cortina de humo se disipaba y comencé a sospechar que su obstáculo no era intelectual sino moral. Al parecer, estaba involucrado en algunos asuntos sexuales y éticos que él sabía que eran contrarios a las enseñanzas de Cristo, así que aparentemente su objeción a la evidencia era solo una táctica de diversión para esconder su verdadera preocupación: que convertirse en cristiano implicaría un cambio radical en su vida que no le interesaba. 

 

Aunque muchas personas no admitirán lo que yace tras su negativa a creer, algunos son muy directos. El autor y ateo Aldous Huxley,  escribió:

 

Yo tenía razones para no querer que el mundo tuviera un significado, por lo tanto asumí que no lo tenía y pude, sin ninguna dificultad, encontrar razones satisfactorias para esta suposición... Para mí, como para la mayoría de mis contemporáneos, la filosofía de la falta de sentido era en esencia un instrumento de liberación. La liberación que deseábamos era al mismo tiempo liberación de un sistema político y económico determinado y la liberación de un determinado sistema de moralidad. Nos oponíamos a la moralidad porque interfería con nuestra libertad sexual.[1] (énfasis del autor). 

 

En otras palabras, él estaba escogiendo no creer en Dios para seguir viviendo un determinado estilo de vida sexual.

 

Lo que yo le diría a Huxley y a otros que levantan estas cortinas de humo es que no captan la idea: Dios es el Dios de la verdadera liberación. Al leer la Biblia ellos verían que la meta de Dios no es ser un cascarrabias que pone trabas a nuestro estilo de vida sino que quiere maximizar nuestro potencial y protegernos de una conducta auto-destructiva. Fue Dios quien nos creó, sin dudas él quiere vernos florecer y convertirnos en todo lo que él quiso que fuéramos. 

 

Estas personas ven al cristianismo un lado negativo que quieren evitar, mientras que al mismo tiempo están pasando por alto el lado positivo del cristianismo. Así que por lo general las desafío diciendo: «¿Por qué no haces un análisis de costo/beneficio? Esa es una manera moderna de tomar una decisión, ¿verdad? Toma un papel, divídelo en dos y compara los costos y los beneficios de cómo estás viviendo ahora con los beneficios y los costos de seguir a Cristo». Piensa en el lado de Cristo en el libro mayor: él ofrece perdón, aventura, una conciencia limpia, seguridad, dirección, satisfacción, relaciones, consuelo, tranquilidad de espíritu, liberación de la culpa, la promesa de la eternidad, poder sobre los impulsos destructivos y la única esperanza que proviene de estar relacionado con el Dios del universo. 

 

Entonces los animo a llevar la trayectoria de su actual estilo de vida a su conclusión lógica. «¿Dónde acabas? ¿Qué harás frente a las tragedias que te encontrarás a lo largo del camino? ¿Cómo te sentirás contigo mismo? ¿Y de dónde buscarás esperanza al final? Les hablo de mi propia experiencia. «Desde que le dije a Dios: "Toma mi vida", he estado en una aventura que pone los pelos de punta y que está muy por encima a la manera en que yo solía obtener mis placeres. "Pero sigue", digo yo, "pruébalo tú mismo"». 

 

Obstáculo #3: «Yo No Sé Qué Creer»

Escuchan todo tipo de interpretaciones de la Biblia. Ven riñas entre las distintas denominaciones. Escuchan de batallas doctrinales dentro de las denominaciones. Encuentran personas que toman la Biblia literalmente y otros que dicen que es solo una pauta general. Escuchan a los que utilizan la Biblia para apoyar posiciones completamente contradictorias e incluso absurdas. Tratan de leer la Biblia y se quedan estancados en Levítico. 

 

Así que levantan las manos y dicen: «No sé qué creer.Parece que el significado de la Biblia cambia según quien la interprete. Entonces, ¿qué es lo correcto?» 

 

Una manera de ayudar a estas personas es explicarles que la clave para entender la Biblia acertadamente es la misma que la clave para entender cualquier otra comunicación: determinar lo que quiso decir el escritor. No es interpretar la Biblia para que diga lo que nosotros queremos que diga ni ver en ella nuestros prejuicios sino descubrir lo que el autor, inspirado por el Espíritu, estaba tratando de transmitir. Yo utilizo este ejemplo: Finjo que Alison, mi hija, y su novio van a salir una noche entre semana a tomar una Coca Cola y yo les digo: «Deben estar en casa antes de las once».¿Cómo interpretarías eso? Está bastante claro, ¿verdad? 

 

Esto nunca sucedería, pero imagínate que son casi las 10:45 y los dos todavía están pasándola muy bien en el quiosco de hot-dogs de Portillo. Realmente no están deseosos de que termine la noche y de repente comienzan a tener dificultades interpretando mis instrucciones. Ellos dicen:

 

«¿Qué quiso decir él realmente cuando dijo "Ustedes deben estar en casa antes de las once"? ¿Quiso decir nosotros literalmente o estaba hablando en sentido general? ¿Estaba diciendo, en efecto, "Como regla general, la gente debe estar en casa antes de las once"? ¿O simplemente estaba haciendo la observación de que "Generalmente, la gente está en casa antes de las once"? Quiero decir, no fue muy claro, ¿verdad?

 

Y ¿qué quiso decir con "Debes estar en casa antes de las once"? ¿Sería un padre amoroso tan exigente e inflexible? Probablemente lo dijo como una sugerencia. Yo sé que él me quiere, entonces, ¿no está implícito que él quiere que yo me divierta? Y si me estoy divirtiendo, entonces él no querría que yo terminara la noche tan pronto.

 

Y, ¿qué quiso decir con: "Deben estar en casa antes de las once"? Él no especificó en casa de quién. Podría ser la casa de cualquiera. Quizá lo dijo en sentido figurado. ¿Recuerdas el viejo refrán: "El hogar es donde esté el corazón"? Mi corazón está aquí en el quiosco de Porrillo, entonces, ¿no quiere eso decir que ya estoy en casa?

 

Y, ¿qué quiso decir realmente cuando dijo: "Deben estar en casa antes de las once". ¿Dijo eso en un sentido exacto, literal? Además, nunca especificó 11:00 p.m. o 11:00 a.m. Y realmente no fue claro en si estaba hablando de la hora del centro o de la hora del Pacífico. Vaya, en Honolulu todavía falta un cuarto para las siete. Y de hecho, si lo piensas, siempre es antes de las once. Cualquier hora que sea, siempre es antes de las próximas once. Así que con todas esas ambigüedades, no se nos puede hacer responsables». 

 

Como ves, nuestros motivos pueden cambiar radicalmente la manera en que interpretemos las palabras. La gente hace eso con la Biblia para darle la vuelta a enseñanzas con las que no están de acuerdo o que no quieren enfrentar. Pero la manera de leer la Biblia es preguntándose: «¿Qué quiso el comunicador que yo entendiera?» 

 

Reconozco que las Escrituras tienen secciones difíciles y que personas bien intencionadas pueden debatir muchos de los matices más sutiles. Pero cuando se trata del mensaje crucial que toda persona necesita conocer para ser absuelta de su pasado y garantizar su futuro, no hay ambigüedad. De hecho, mi colega, Judson Poling, resumió el mensaje central de todos los sesenta y seis libros de la Biblia en una cita corta de tres segundos: «Dios nos hizo, nosotros lo echamos todo a perder, Cristo pagó por eso, nosotros debemos recibirlo». No es un mensaje vago ni complicado, ¿verdad? La Biblia lo resume en una oración sencilla, enunciativa e inspirada por Dios: «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo».[2]

 

 

Notas

[1] Huxley, Aldous, Ends and Means [Fines y medios], Chatto & Windus,Londres, 1969; pp. 270, 273.2 

[2] Romanos 10:13

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Extraído y adaptado por José Giménez Chilavert

Editado por Jairo Izquierdo

Fuente original: Strobel, Lee. (1993). Cómo piensan los incrédulos que tanto quiero. Editorial Vida

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